Entrevista con Andrés Malamud, politólogo y ponente de la XV Cumbre Iberoamericana del Seguro

América Latina: ¿periferia de un orden o de un desorden?

Andrés Malamud “reside en Lisboa, Portugal, pero vive en Argentina”, un país que visita hasta siete veces al año. La definitoria frase de este reconocido politólogo es de su esposa, a la que conoció en Florencia, cuando cursaba su doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en el Instituto Universitario Europeo. Hoy Andrés Malamud es investigador principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa y una de las voces más influyentes en el análisis de la política latinoamericana. Habla con una sonrisa constante en su mirada, pero nos ofrece una visión cruda y lúcida sobre la región: ¿hacia dónde se dirige en un mundo en transformación? ¿Tiene margen de influencia en la nueva geopolítica? ¿Por qué el crimen transnacional es su mayor amenaza? Una conversación sin concesiones, pero con la claridad de quien entiende la historia y que está convencido de que “solo cuando entendemos la realidad, podemos transformarla. Y solo cuando la comprendemos juntos, podemos cocrear un futuro mejor”.

Pregunta: ¿Qué papel juega América Latina en la actual coyuntura global?

Respuesta: “La coyuntura es el derretimiento del orden mundial tal como lo conocíamos. Y América Latina, que ya era periferia de un orden, va camino a ser periferia de un desorden. Ahora bien, hay dos formas de ver esto: la pesimista, que dice que el desorden es siempre peor que el orden; y la optimista, que sostiene que, en un mundo en caos, estar lejos del epicentro puede ser ventajoso.

Miremos el centro del mundo hoy: Europa está en guerra. Ucrania es solo el principio, los países con frontera con Rusia están convencidos de que serán los siguientes. En América Latina tenemos otros miedos, derivados del crimen organizado, el contrabando, la informalidad económica y el desempleo. Pero no tenemos miedo a un conflicto bélico convencional. Así que, si bien el desorden es malo, estar lejos puede ser un respiro.”

P: América Latina ha sido históricamente inestable. ¿Estamos en una nueva fase o es más de lo mismo?

R: “No hablaría de inestabilidad política en el sentido tradicional. Antes los problemas eran los golpes de Estado. Hoy, de los 20 países latinoamericanos, 15 son democracias, con sus defectos, pero democracias al fin. Solo cinco no lo son.

Lo que sí hay es inseguridad social extrema. No tenemos guerras, pero tenemos la tasa de homicidios más alta del mundo: con apenas el 8% de la población global, América Latina concentra el 35% de los homicidios. Es decir, la gente ya no teme que los militares tomen el poder, sino que los criminales les disparen en la calle.

Hemos resuelto parcialmente los problemas del siglo XX, pero generamos nuevos desafíos a los que aún no sabemos responder”.

Crimen, informalidad y la falta de liderazgo regional

P: ¿Cómo llegamos a este punto?

R: “La paradoja es que dejamos de preocuparnos por los conflictos entre Estados, y con eso descuidamos las fronteras. Como los vecinos ya no nos invadían, dejamos de protegerlas, y ese vacío lo ocuparon los criminales.

Los delincuentes han construido una red internacional altamente eficiente. Los gobiernos, en cambio, siguen actuando de manera fragmentada”.

P: ¿Es posible que la región supere esta inseguridad y se encamine al desarrollo?

R: “Hoy, no hay señales de que vayamos en la dirección del desarrollo. La informalidad crece, los empleos son más precarios y los Estados son más débiles. Hay excepciones como Uruguay, Chile y Costa Rica, pero los grandes países –Brasil, México, Argentina– están dominados por la incertidumbre y la inseguridad.

Mi visión optimista es que no vamos camino a la guerra. Y en el mundo actual, eso ya es algo”.

P: Pero ¿no hay margen para mejorar?

R: “Hay una herramienta clave: la cooperación internacional. El problema es que los delincuentes entienden mejor la cooperación que los Estados.

Los criminales no respetan fronteras, operan en red y tienen financiamiento. Mientras tanto, los países latinoamericanos están atrapados en sus diferencias políticas y en una falta total de liderazgo regional”.

P: ¿Brasil puede asumir ese rol?

R: “Brasil es el país más grande de la región, pero no es un líder, porque no tiene seguidores. Cuando postula candidatos en organismos internacionales, no siempre recibe apoyo de sus vecinos. México es un competidor, Argentina un rival histórico, y Colombia está demasiado asociada a EE. UU.

En Europa, el eje Francia-Alemania funcionó porque combinaban tamaño y riqueza. En América Latina, Brasil tiene tamaño, pero no es el más rico. Su PIB per cápita es inferior al de Uruguay y Argentina. No hay un país que combine poder económico y liderazgo político”.

P: ¿Qué rol pueden jugar Mercosur o la Alianza del Pacífico en una teórica integración regional?

Respuesta: “El problema es que se ha priorizado la cooperación económica, cuando lo urgente es la cooperación en seguridad.

Mercosur y la Alianza del Pacífico buscan expandir mercados, pero no hay mercados internos suficientemente grandes en la región. Todos exportan materias primas y necesitan clientes en China, EE. UU. o Europa. Entre vecinos, en cambio, lo que deberían hacer es cooperar para frenar el crimen transnacional, que es lo que realmente traspasa fronteras”.

P: ¿Cómo ha cambiado la relación de América Latina con las potencias globales?

R: “Históricamente, América Latina giró en torno a Europa en el siglo XIX y a EE. UU. en el XX. En el XXI, el nuevo jugador es China.

China presta e invierte en la región, algo que EE. UU. y Europa hacen cada vez menos. Occidente dice que esto es una amenaza, pero no propone una alternativa. Y los países latinoamericanos, con economías frágiles, no pueden darse el lujo de rechazar inversiones, sin importar de dónde vengan”.

P: ¿Qué puede hacer América Latina ante la crisis climática?

R: “Aquí hay que ser realistas: solo Brasil es relevante en esta conversación. A nivel global, hay ocho actores clave en el cambio climático: EE. UU., la UE, China, Rusia, Japón, India, Indonesia y Brasil. El resto de América Latina puede cuidar sus bosques, pero sin Brasil no hay impacto significativo.

En cambio, el crimen sí es un problema que requiere cooperación regional, porque funciona en red: los criminales cruzan fronteras y aprovechan la falta de coordinación estatal”.

Si logramos generar solidaridades fácticas, la cooperación se fortalecerá de manera natural. El futuro no es algo que nos pasa, es algo que cocreamos. Y para cocrear, primero debemos entender”.

Cocrear el futuro y el rol del sector asegurador

P: En este contexto, ¿hay espacio para imaginar un futuro distinto para América Latina?

R: “El futuro no está escrito. No se trata de adivinar lo que vendrá, sino de crearlo”.

P: ¿Cómo se crea un futuro mejor para la región?

R: “Se construye con pequeños pasos. No hace falta un gran acuerdo fundacional. La integración no se decreta, se teje. Europa comenzó con seis países, con un acuerdo puntual sobre el acero y el carbón. América Latina debería empezar por áreas donde ya hay colaboración, como la cooperación militar o el control del crimen transnacional.

Si logramos generar solidaridades fácticas, la cooperación se fortalecerá de manera natural. El futuro no es algo que nos pasa, es algo que cocreamos. Y para cocrear, primero debemos entender”.

P: ¿Puede el sector asegurador jugar un papel en este contexto de incertidumbre?

R: “El seguro tiene un papel fundamental porque los riesgos son transnacionales y los seguros también deberían serlo.

Los países no pueden contener el riesgo dentro de sus fronteras. El crimen, el cambio climático y la crisis económica no respetan pasaportes. Si los riesgos viajan, los seguros también deben hacerlo. Pero para eso, el sector necesita entender la política, porque es la política la que genera incertidumbre y la que puede ofrecer soluciones.

Por eso, encuentros como las Cumbres Iberoamericanas del Seguro son clave: permiten mirar más allá de lo inmediato y comprender el mundo en el que operamos”.

P: ¿De qué nos quiere convencer en la ponencia que presentará en la Cumbre?

R: “No quiero convencer a nadie. Quiero contribuir a entender.

La producción queda en manos de los que trabajan, administran empresas o gobiernan países. Mi papel es ayudar a entender mejor los tiempos que vivimos. Solo cuando entendemos la realidad, podemos transformarla”

Perfil

Andrés Malamud: Un analista sin fronteras

Andrés Malamud es politólogo, investigador y una de las voces más lúcidas en el análisis de la política latinoamericana. Nació el 12 de diciembre de 1967 en Buenos Aires, Argentina, y su trayectoria combina una sólida formación académica con una capacidad excepcional para traducir la política en términos comprensibles y directos.

Su camino hacia la ciencia política no fue lineal. Durante la transición democrática argentina, se trasladó a Buenos Aires para estudiar Sistemas, pero el entusiasmo por el gobierno de Raúl Alfonsín lo llevó a cambiar a Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde se graduó con honores. Luego, se doctoró en Ciencias Sociales y Políticas en el Instituto Universitario Europeo en Florencia, Italia, ciudad donde, además de sumergirse en el pensamiento de Maquiavelo, conoció a su esposa, un momento que describe como crucial en su vida.

Desde 2002 vive en Portugal, donde es investigador principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa. Sin embargo, su conexión con Argentina sigue intacta: viaja al país unas siete veces al año, y su esposa portuguesa bromea diciendo que, en realidad, “reside en Portugal, pero vive en Argentina”.

Malamud se describe como un “weberiano ortodoxo, aunque un poco gramsciano”, y se identifica con la tradición política radical argentina. Aunque no es

religioso ni sionista, se considera “100% judío” y entiende su herencia cultural principalmente como una cuestión de humor, con un estilo “woodyallenesco”.

En sus ratos libres, disfruta de la lectura y la cultura pop. Sus libros favoritos incluyen “La mente de los justos” de Jonathan Haidt y “Pensar rápido, pensar despacio” de Daniel Kahneman. Su serie de referencia es “Breaking Bad”, su comida preferida es el asado con amigos, y tiene un gusto especial por el whisky ahumado escocés. Entre sus figuras admiradas destaca a Domingo Faustino Sarmiento, un político y pensador argentino conocido por su apuesta por la educación y la modernización del país.

Más allá de su trayectoria académica y su rol como analista político, Malamud es conocido por su estilo claro, provocador y directo. Sus intervenciones en medios de comunicación y eventos internacionales se caracterizan por su capacidad para explicar temas complejos con precisión, sin perder el humor y la ironía.

Obras y publicaciones

Malamud ha publicado libros y artículos clave sobre política e integración regional. Entre sus obras destacan:

  • “El oficio más antiguo del mundo. Secretos, mentiras y belleza de la política”, donde analiza la política con agudeza y una dosis de ironía.
  • “Diccionario arbitrario de política”, un compendio de términos políticos con reflexiones y enfoques críticos.
  • “La política en tiempos de los Kirchner”, coeditado, analiza el impacto del kirchnerismo en Argentina.
  • Artículos como “Has Regionalism Peaked?” y “Presidential Diplomacy and the Institutional Underpinnings of Mercosur”, donde examina los desafíos del regionalismo latinoamericano.